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Las emociones y el aprendizaje

¿Cómo ayudar a un niño de altas capacidades que está desmotivado en el aula? 

Los niños de altas capacidades no suelen ser, normalmente, los primeros de la clase. Aunque tienen capacidad intelectual más que de sobra, muchos de ellos son identificados precisamente porque tienen problemas en el colegio y algunos lo abandonan antes de tiempo. El motivo de este fracaso no es que se aburran porque ya lo saben todo. No son genios, ni superhéroes con ciencia infusa. Contrariamente a los mitos que circulan por ahí, estos niños necesitan mucho apoyo. Tienen necesidades formativas especiales, reconocidas en la última Ley de Educación del Gobierno español (LOMCE), pero no sólo académicas, sino emocionales.

Tal y como hemos explicado en anteriores post, los niños de altas capacidades son “amplificadores emocionales”. Sienten todo de forma mucho más intensa y es muy fácil herirles. Si estas necesidades emocionales no están cubiertas, si el niño no se siente bien, no estará en condiciones de hacer una de las cosas que más placer le proporciona: aprender y satisfacer su tremenda curiosidad. Es la pescadilla que se muerde la cola. Si el niño no se siente integrado en clase, si no se siente valorado y querido por sus padres y profesores, el aprendizaje se bloquea y la autoestima se resiente.

Neurociencia

Hoy sabemos, gracias a las investigaciones de la neurociencia, que para que un alumno preste atención en clase no vale exigirle sin más que lo haga. Hay que “encender” primero la emoción. El neurocientífico Francisco Mora Teruel, define la emoción como esa energía codificada en la actividad de cientos circuitos del cerebro que nos mantiene vivos. De hecho, alguien con la emoción apagada no podría ver ni a un elefante que pasase junto a él. Según asegura, “cuando se produce un apagón emocional en el niño, sus consecuencias para la vida en el colegio, para aprender y memorizar, son muy negativas”.

El profesor Mora Teruel asegura que “las emociones encienden y mantienen la curiosidad y la atención y con ello el interés por el descubrimiento de todo lo que es nuevo, desde un alimento o un enemigo a cualquier aprendizaje en el aula. Las emociones son la base más importante sobre la que se sustentan todos los procesos de aprendizaje y memoria”. Por eso, a nadie se le escapa que cualquier acontecimiento nuevo asociado a un episodio emocional, bien sea de placer o de dolor, permite un mayor y mejor almacenamiento y evocación de lo sucedido”.

Francisco Mora es doctor en Medicina por la Universidad de Granada y doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford (Inglaterra). Es catedrático de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y catedrático Adscrito del Departamento de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa en EE.UU. Es miembro del Wolfson College de la Universidad de Oxford.

¿Cómo despertar la emoción en las clases?

Muchos profesores se preguntan cómo hacer para encender esa emoción en los niños de altas capacidades. Cómo conseguir retarles sin que esto repercuta en el resto de alumnos. Cómo mantener las ganas de aprender de estos niños que tienen una tremenda curiosidad, que aprenden a una velocidad de vértigo y que se aburren con la clásica estructura del actual sistema educativo basada en la repetición de contenidos una y otra vez.

Al margen de aceleraciones y ampliaciones curriculares (de demostrada eficacia), los profesores también pueden hacer mucho desde su posición privilegiada en el aula. Mejorar la estructura de las clases es básico e imprescindible para conseguir captar su atención. En su libro Neuroeducación, el profesor y neurocientífico Francisco Mora da algunas claves interesantes para ayudar a los profesores a llegar mejor a sus alumnos. Estas sencillas estrategias se pueden aplicar en cualquier centro, no requieren de grandes recursos y pueden provocar un cambio importante en la implicación de todos los alumnos, no sólo los niños de altas capacidades:

  • Comenzar la clase con algo provocador, sea una frase, un dibujo, un pensamiento o con algo que resulte chocante.
  • Presentar un problema cotidiano que lleve a despertar al alumno al principio de las clases: “Al venir hoy a clase he visto en el parque una fila de árboles todos pintados de azul, ¿a qué creen ustedes que puede deberse ese fenómeno? ¿Qué intención tiene quien lo ha hecho?
  • Crear una atmósfera de diálogo por parte de los alumnos en la que estos se vean relajados y a gusto y no cuestionados sobre si sus preguntas son tontas o sin ningún interés.
  • Dar el tiempo suficiente para que algún alumno desarrolle un argumento y se vea con ello motivado a encontrar la solución ante los demás problemas que plantea.
  • En un seminario y sobre un tema concreto no preguntar sobre un problema, sino incentivar al estudiante a que sea él quien plantee el problema de forma espontánea. Ello estimula su propia querencia, autoestima y motivación personal.
  • Introducir durante el desarrollo de la clase elementos que impliquen incongruencia, contradicción, novedad, sorpresa, complejidad, desconcierto e incertidumbre.
  • Que los grados del punto anterior sean los adecuados sin provocar ansiedad en los alumnos.
  • En los seminarios o clases prácticas procurar la participación activa del estudiante y su exploración personal.
  • Reforzar el mérito y el aplauso ante una buena pregunta o resolución de un determinado problema.
  • Modular pero no dirigir la búsqueda de una respuesta por parte de alumno y menos proporcionar la resolución del problema.

 

PARA SABER MÁS:

Artículos recomendados para mejorar la implicación de los alumnos:

∗ MORA TERUEL, Francisco: Neuroeducación. Alianza Editorial. 2013.

Educación emocional aprendizaje y memoria. Artículo del blog Desdemimapa.com

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