Cómo ser universitario con 14 años
Universitario con altas capacidades y 14 años

Cómo ser universitario con 14 años

Artículo publicado el 29 de enero de 2021
  • Hugo tiene altas capacidades, cursa 4º de Secundaria y está matriculado en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (UPO), gracias a un convenio firmado por la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST)

  • Quiere estudiar Informática en EEUU y ya se ha examinado con éxito de una asignatura del Grado de Ingeniería de Sistemas de Información

Son muchos los niños y adolescentes de altas capacidades que se sienten frustrados en el colegio. Se cansan de escuchar, año tras año, los mismos conceptos que ya tienen asimilados. A pesar de todo, algunos de estos alumnos son capaces de automotivarse. Gracias a su competitividad se adaptan al ritmo de la clase y obtienen excelentes calificaciones. Este fue el caso de Hugo Domínguez.

Como suele suceder en la mayoría de los casos, fueron sus padres, Mónica y Jorge, quienes iniciaron el proceso de identificación. Cuando Hugo tenía 9 años, después de mucho leer e informarse, ambos decidieron salir de dudas y solicitar oficialmente una evaluación de altas capacidades. Antes de que su hijo terminara Primaria se pusieron manos a la obra para tratar de evitar que su paciencia se agotara y terminara desmotivándose. Solicitaron una flexibilización de curso al colegio y, tras realizar una buena planificación de las asignaturas, el niño pasó progresivamente de 1º a 3º de Secundaria en un solo año.

Hugo tiene ahora 14 años, está en 4º de ESO y considera su flexibilización de curso como “algo positivo”. Según explica, “antes no estaba muy a gusto en clase. Me aburría mucho. No había nadie que tuviera los mismos intereses que yo. En cambio, ahora, además de irme bien académicamente, he conocido a gente a la que le gusta lo mismo que yo y estoy mucho mejor”.

Las flexibilizaciones de alumnos con altas capacidades son poco conocidas entre el profesorado en España, desgraciadamente. De hecho, cuando lo comentaron por primera vez en el colegio, les dijeron que aún no habían flexibilizado a nadie. Pero no se arrugaron. Según explica su padre, el salto de curso “fue progresivo y estaba planificado desde el principio”. “Fue un trabajo de cooperación desarrollado conjuntamente por todos (alumno, padres y profesores)”, afirma Mónica, quien considera que “muchas veces hay que hacer una labor docente también con los profesores y lo poquito que sepamos intentar trasmitírselo, porque ellos tienen muchos niños en clase y ven muchas realidades y no tienen por qué ser expertos en este aspecto”.

 

«No le ha costado mucho. Lo ha llevado perfectamente»

 

Hugo tiene claro que quiere estudiar fuera de España, en EEUU, Informática y Matemáticas. Ha investigado mucho sobre el tema en Internet. Según afirman sus padres, es totalmente autodidacta. Pero quería conocer la Universidad de primera mano. Gracias a un convenio firmado entre AEST (Asociación Española para Superdotados y con Talento) y la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, ha podido examinarse este año de la asignatura de Fundamentos de Programación y se ha matriculado también en Programación orientada a objetos, dentro del Grado de Informática de Sistemas de Información.

Según su madre, “no le ha costado mucho. Lo ha llevado perfectamente y ha sacado muy buena nota”. El psicólogo Juan Vázquez, técnico del Servicio de Atención a la Diversidad Funcional de la UPO, nos ha explicado que «Hugo ha sacado una de las mejores notas de toda su clase en una asignatura que no es precisamente fácil». Según hemos podido saber, se trata de una Matrícula de Honor. Mónica y Jorge han estado en contacto con Juan Vázquez desde el principio. Ha sido su principal nexo con la Universidad. Él se ofreció a ayudarles en todo lo que fuera necesario y lo cumplió.  Les llama cada cierto tiempo para hacer un seguimiento. “En verano tuvimos una reunión con él –afirma Mónica– y nos ayudó con la matrícula, pero después, al ser un entorno on-line, no ha hecho falta pedirle ayuda. No hemos necesitado nada. Estamos muy contentos y todo va bien”.

Hace dos años una niña de su misma edad, Marta Sotelo, le abrió paso y se matriculó en dos asignaturas de 2º de Biotecnología, gracias a este mismo convenio. En el caso de Marta, sus padres reconocían que lo más complicado había sido compaginar los horarios. Hoy en día, la situación de pandemia que vivimos y la llegada de la enseñanza on-line ha sido una ventaja para Hugo. Según reconoce su madre, “las clases han sido online, lo que ha facilitado que se pudiera compaginar aún mejor con sus estudios de Secundaria, porque no ha habido que desplazarse, ni perder tiempo en el coche. Ha sido muy cómodo”. Además, “nadie veía que tenía 14 años. Y a la hora de entablar conexión, ha sido uno más”.

El objetivo de Hugo es aprender, nada más. “No lo he hecho por convalidar las asignaturas, lo he hecho más por aprender cosas nuevas y ver cómo es la Universidad y el entorno en el que voy a pasar mucho tiempo en el futuro. No es mi primera preocupación que me lo convaliden, pero si se puede, pues mejor”, afirma. Tampoco da mucha importancia al hecho de haber accedido a la Universidad con 14 años. Cuando le preguntan cuál fue la reacción de sus compañeros de Secundaria al conocer la noticia, responde: “Pues no se lo he dicho todavía”.

 

«Estos niños tienen muchas inquietudes y una gran necesidad de aprender. Lo que hay que intentar es buscar aquello que les motiva, para no caer en el desánimo»

 

Tanto Hugo como sus padres recomiendan la flexibilización de  curso para los alumnos de altas capacidades, aunque son conscientes de que  no todos los niños con altas capacidades son iguales. “Si el niño académicamente va medianamente bien y en el curso en el que está se aburre, se puede, paulatinamente, ir viendo como encajaría en otras clases. Siempre viendo la particularidad de cada niño o niña y haciéndolo gradual y planificado. Yo lo recomiendo altamente”, afirma Mónica.

“Estos niños tienen muchas inquietudes y una gran necesidad de aprender. Lo que hay que intentar es buscar aquello que les motiva, que les mueve, para no caer en el desánimo, e intentar sacar el máximo partido de estas personas y que el día de mañana se conviertan en hombres y mujeres de provecho”, asegura la madre de Hugo.

 

Un ejemplo de éxito

El caso de la Universidad Pablo de Olavide es un ejemplo de éxito en el que tanto la asociación AEST, como los padres y la propia universidad trabajan en equipo, unidos, en una misma dirección y con un mismo objetivo: mejorar la situación de los menores con altas capacidades para ayudarles a realizarse como personas. La presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento, Alicia Rodríguez, tiene claro que “uno de los objetivos prioritarios de esta asociación es  conseguir que estos menores tengan la posibilidad de desarrollar al máximo sus capacidades, vivir felices y tener una vida plena, igual que todos los demás alumnos”. Por eso, AEST asesora a padres, profesores y orientadores, cuenta con cursos y talleres de todo tipo y tiene convenios con distintas universidades.

Según la presidenta de AEST, «el objetivo de identificar a un alumno con altas capacidades, no es ponerle una etiqueta y olvidarnos de él, porque de qué sirve graduarse la vista si después no te pones gafas». Al realizar una evaluación completa de altas capacidades, lo que se pretende es conocer el perfil del alumno para poder actuar y evitar que alguien con una inteligencia muy superior a la media pueda acabar desperdiciando su talento debido a la falta de atención necesaria. Para conseguirlo, es básico el trabajo conjunto entre el alumno, los padres y el colegio.

 

Acerca del autor
Periodista y Experta Universitaria en Altas Capacidades y Desarrollo del Talento por la UNIR.

© Ana Díaz