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El Efecto Pigmalión y las AACC

 

El Efecto Pigmalión negativo en los niños de altas capacidades

 

El Efecto Pigmalión explica como una creencia que una persona tiene sobre otra influye sobre el rendimiento de esta última. Lo habitual es que este efecto sea en positivo, pero en los niños de altas capacidades también se puede dar en negativo.

 

El Efecto Pigmalión tiene su origen en un mito griego, según el cual un escultor, llamado Pigmalión, se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. La escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita, al ver el amor que éste sentía por la estatua.

Desde la psicología y la pedagogía se habla de Efecto Pigmalión para referirse a cómo las expectativas que tenemos sobre personas, cosas, situaciones e incluso sobre nosotros mismos pueden hacerse realidad.

En 1966, dos investigadores, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, llevaron a cabo un experimento en 18 clases de California. Tras hacerles un test a los alumnos, informaron a los profesores de que el 20% de los niños de su clase mostraba poseer un “inusual” potencial de mejora de su capacidad intelectual.

Ocho meses después, estos niños, que habían sido calificados previamente como “inusuales”, mostraron efectivamente un aumento significativamente mayor de su Cociente Intelectual (CI) que el resto. Sin embargo, en realidad estos alumnos habían  sido seleccionados al azar. Dato que se ocultó a los profesores que participaron en el estudio.

Rosenthal y Jacobson estudian el Efecto Pigmalión desde la perspectiva de la teoría de la profecía autorrealizada. Aparentemente, parece que es un efecto mágico, pero no lo es. Lo que ocurre es que las expectativas que los profesores tienen sobre estos alumnos les llevan a tratarlos de forma distinta. Es posible que a los alumnos que ellos consideran más capacitados les den más y mayores estímulos, más tiempo para sus respuestas, etc… Estos alumnos, al ser tratados de un modo distinto, responden también de manera diferente, confirmando así las expectativas de los profesores. Si esto se hace de una forma continuada, conseguirán mejores resultados escolares y mejores calificaciones en los exámenes.

Sin embargo, desde la perspectiva de las altas capacidades existe la posibilidad de que se produzca un Efecto Pigmalión Negativo. Según explica la doctora en Psicología y pedagoga experta en el ámbito de la inteligencia superior, Amparo Acereda, en su libro “Niños superdotados”, se trata de la consecuencia del no-reconocimiento de la capacidad del niño por parte de su entorno más inmediato. Así:

 

“Cuando un profesor ignora la capacidad intelectual de un niño, esperará que se encuentre dentro de los límites normales, conduciéndolo a ajustarse a ellos en virtud de sus expectativas. Y lo mismo puede ocurrir con los padres y compañeros”.

 

Según Acereda, debido a este no-reconocimiento de sus altas capacidades, el Efecto Pigmalión Negativo puede provocar dos tipos de efectos en el superdotado:

 

  1. Efecto externo.

Está generado por la no comprensión de los padres, maestros y compañeros. Si la familia no es consciente de la capacidad del niño, éste tendrá que ajustarse a las expectativas que le marcan, negando o escondiendo su potencial. Por su parte, el maestro puede hacer que el niño trabaje por debajo de sus posibilidades, provocando respuestas de falta de atención y desviando el interés hacia otras materias más difíciles, que le supongan más reto. Asimismo, los compañeros también juegan un papel importante, pues esperan que el niño superdotado actúe dentro de las normas del grupo. Si no cumple las expectativas de sus compañeros, pueden llegar a expulsarlo o excluirlo del grupo.

 

  1. Efecto interno.

El ajuste del niño de altas capacidades a la conducta normal o media provoca una imagen de sí mismo de “fracasado” ya que, constantemente, está negando su verdadera capacidad e interés para ser o parecer lo que los demás esperan de él, en un intento de    responder a esa imagen de lo que “no es”.

Acereda considera que la raíz del problema está en no valorar la capacidad diferencial del sujeto e intentar ajustarlo a la norma. La consecuencia resultante es la negación de estas capacidades, con todos los efectos que esto conlleva. Sin embargo, esto podría llegar a evitarse, si tanto padres como profesores (y la sociedad en general) atendiesen a un respeto por la diversidad y las diferencias individuales.

 

A modo de sugerencia, afirma Acereda:

 

“Sería necesario que todos nosotros permitiéramos al superdotado que pueda llegar a manifestar su propia personalidad, inteligencia, creatividad, motivación e intereses sin tener que avergonzarse por ello”.

 

Para conseguirlo, “deberíamos ofrecerles un ambiente basado en la tolerancia, en el que se permita expresar sus diferencias individuales respecto a los demás, con todo el respeto, y ofreciéndoles también un medio adecuado en el que puedan estar con contacto con otros superdotados para que vean que no son algo anormal sino que hay otros similares a él”.

Alicia Rodríguez, presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento, AEST, recuerda que “nuestro sistema educativo tiene la integración a la diversidad como bandera para ayudar a los que tienen una capacidad de aprendizaje por debajo de la media o algún tipo de dificultad cognitiva, pero olvida que los niños de altas capacidades también tienen necesidades específicas de apoyo educativo reconocidas en la LOMCE. La mayoría no recibe ningún tipo de atención en sus colegios, por eso muchos se aíslan, se frustran y se desmotivan al llegar a la enseñanza secundaria, perdiendo todo el interés por el aprendizaje”.

 

© Ana Díaz. Periodista.

@anai_dj

 

 

PARA SABER MÁS:

  • Las expectativas de los profesores como determinantes de la capacidad intelectual de los alumnos. El efecto Pigmalión. Rosenthal y Jacobson. 1966.
  • Wikipedia sobre el Efecto Pigmalión.
  • ACEREDA EXTREMIANA, Amparo: Niños superdotados. Ediciones Pirámide. 2010. Capítulo 4. Pags. 139-141.

 

Fotografía: Pixabay.com.

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