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¿Cuántos superdotados hay?

Las personas de altas capacidades pueden suponer entre el 2,28% de la población y el 20%, según quién lo analice. Si nos conformamos con la primera opción, en España habría más de un millón de superdotados. Si preferimos la clasificación más abierta, la que se utiliza en las investigaciones más recientes, estaríamos hablando de que uno de cada cinco habitantes podrían ser superdotados, es decir, casi 10 millones de españoles.

Las altas capacidades intelectuales no son como el peso o la altura, de modo que medirlas con precisión es absolutamente imposible. La Administración española (la mayor parte de Comunidades Autónomas) considera superdotada a aquella persona que alcanza o supera un Coeficiente Intelectual (CI) de 130 puntos, medido conforme a unos test estandarizados. Eso vendría a representar que el 2,28% de la población podría considerarse dentro de la categoría de los superdotados. Para una población de casi 8 millones de estudiantes no universitarios en España, estaríamos hablando de unos 180.000 individuos. Sin embargo, todos los estudiosos consideran que esa forma de medir la superdotación en base al Coeficiente Intelectual es arcáica e indefendible. ¿Por qué? Pues porque las altas capacidades intelectuales no son homogéneas, hay talentos de muchos tipos y cada caso es único.

El Informe Marland (1971), que sirvió al Gobierno de los Estados Unidos para definir la superdotación y sentar las bases de sus programas educativos específicos para alumnos de alta capacidad, fue el primero que admitió que hay distintos tipos de talento y que la superdotación no es una característica homogénea. Dicho informe es importantísimo para las personas de alta capacidad en todo el mundo porque también por primera vez hace una mención explícita a las necesidades educativas de los alumnos dotados. Con el paso de los años, los estudiosos y los análisis científicos han venido a confirmar que cada alumno de alta capacidad es caso único y las medidas educativas que requiere cada cual son muy diferentes.

Sidney P. Marland, el autor del informe, calculaba que entre el 3 y el 5% de la población es de altas capacidades intelectuales. Eso vendría a indicar que en España estaríamos hablando de más de 200.000 escolares no universitarios de altas capacidades. Otros autores superan esas cifras. Por ejemplo, Gagné (1991 y 2000) ya hablaba de un 10% de individuos dotados, lo que supondría unos 800.000 escolares de altas capacidades a día de hoy en España, y Renzulli (1978 y 1986) llegó a situarse en el 20%, lo que elevaría la cifra hasta los 1,6 millones de alumnos de altas capacidades.

Pero, como dice el catedrático Javier Tourón, Vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), uno de los mayores expertos españoles en altas capacidades intelectuales, con todas estas clasificaciones numéricas hay que tener mucho cuidado, porque la alta capacidad “no es un estado de la naturaleza” ni un atributo que permita ver quién lo tiene y quién no, es un potencial que tienen algunas personas que necesitan “medidas educativas diferenciadas, de modo que, si no las reciben, corren el riesgo de que dicha capacidad no se desarrolle de modo óptimo”.

Así pues, lo que nos indican todos estos porcentajes y cifras que acabamos de ver es una estimación de “cuántos son los niños -dice el catedrático Tourón- que deberían ser detectados de manera sistemática y periódica para optimizar su desarrollo en la escuela y fuera de ella”. En realidad, no importa si son 3 alumnos o si son 2 millones, lo relevante es que, sean los que sean, han de ser detectados para actuar adecuadamente con ellos, porque la legislación educativa española dice claramente que el sistema debe procurar el desarrollo óptimo intelectual, social, emocional, etc. de todos los escolares.

Para hacernos una idea del desfase que hay entre lo deseable y la realidad de los hechos, en el curso 2013-14, en España, sólo 16.000 alumnos no universitarios recibían algún tipo de apoyo educativo vinculado a sus altas capacidades. Es evidente que nos queda mucho camino por recorrer.

 

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