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Alta Capacidad y estrés

Nos encontramos frecuentemente al estrés de la mano de la alta inteligencia.

¿A qué se debe esta frecuencia?

 

Hace unos meses un periodista se puso en contacto conmigo interesado por saber si la superdotación era desencadenante directo de enfermedades físicas y psíquicas, tras un estudio de investigación realizado en Estados Unidos, en el que se investigaba la relación con enfermedades del tipo inmunitario, alergias, asma y patologías mentales.

En un primer momento, mi reacción más interna tiende a pensar “Qué barbaridad afirmar esto. ¿Cómo la superdotación va a ser causa de enfermedades?”.

Sin embargo, aunque no esté de acuerdo literalmente con esta afirmación, cierto es que existe una base real de la que se origina y me parece interesante que se conozca por parte de familias y personas relacionadas con la superdotación. Esta base es la relacionada con el famoso” estrés” y su repercusión en la salud física o mental.

En consultas o en grupos de alta capacidad y superdotación, nos encontramos frecuentemente al estrés de la mano de la alta inteligencia. ¿A qué se debe esta frecuencia?

 Para que algo nos resulte estresante, solo basta con “PENSAR” en ello, y aquí entra en juego la cognición y por tanto la inteligencia”

Explicado de forma sencilla, el estrés es un mecanismo fisiológico que se activa como respuesta a un agente que en teoría pone en peligro nuestro bienestar. Cuando decimos fisiológico, es porque se activan reacciones químicas y orgánicas en nuestro cuerpo, es decir, no es un proceso únicamente mental. El estrés está presente como un fenómeno adaptativo, que los seres humanos poseemos como herramienta para sobrevivir en determinadas situaciones. Ahora bien, no siempre su papel es positivo, ya que torna en muchas ocasiones a ser desadaptativo.

Para que algo nos resulte estresante, solo basta con “PENSAR” en ello, y aquí entra en juego la cognición y por tanto la inteligencia. Nos estresamos por lo que pensamos. A mayor capacidad de pensamiento mayor posibilidad de sufrir estrés, especialmente cuando el pensamiento adquiere una dinámica negativa o poco eficaz. El intelecto elevado lleva a cuestionarse y plantearse profundamente las cosas, a veces demasiado, y esto deriva con mayor facilidad en preocupaciones e inquietudes que provocan estrés.

Aquello que nos estresa se denomina “agente estresante”. Solo el hecho de pensar en algo que emocionalmente es significativo, hace que tanto el hipotálamo en el cerebro, como el páncreas, se activen con el fin de segregar directa o indirectamente diferentes hormonas como respuesta fisiológica (adrenalina, noradrenalina, glucorticoides o glucagón entre otras). Al igual que ciertas hormonas y mecanismos fisiológicos se activan, otros se inhiben como respuesta con el objetivo abstracto de que la energía de nuestro organismo esté dirigida y centrada principalmente en el agente estresante, desatendiendo otros procesos. De esta forma se produce un desequilibrio en nuestro cuerpo que aumenta el riesgo de padecer enfermedades por verse afectados mecanismos como el sistema nervioso o el sistema inmunitario.

Las variables psicológicas desempeñan en este proceso un papel que influye determinantemente en la respuesta  y padecimiento del estrés. Tras estudios realizados en el campo de la fisiología del estrés se originó la idea de que los factores psicológicos modulaban la respuesta de este, basándose en la diferencia entre los niveles de glucorticoides detectada en dos individuos sometidos al mismo agente estresante en idénticas situaciones.

 Una alta sensibilidad en personas y niños superdotados conlleva el afectarse más fácilmente por los agentes estresantes”

Una alta sensibilidad en personas y niños superdotados conlleva el afectarse más fácilmente por los agentes estresantes, ya que además hay más propensión a encontrar gran cantidad de ellos con los que lidiar, dada la elevada consciencia que la inteligencia otorga así como una percepción del mundo en alta calidad que nos predispone a detectar cada detalle y sus posibles consecuencias, desde un plano tan realista que no siempre juega un papel positivo.

Por tanto, la superdotación no es causa de enfermedad, lo que ocurre es que un pensamiento complejo, elevado y superior, aumenta el riesgo de afectarse por el estrés y contraer algunas enfermedades o de acentuar las que ya se tienen. Y siendo positivos y constructivos, diré que la superdotación ni es ni conlleva patología mental, por lo tanto, este riesgo se puede aprender a controlar. Desde niños podemos mejorar en la gestión de esos pensamientos que no juegan un papel facilitador.

 Se pueden utilizar estrategias para distraer al pensamiento del agente estresante”

Voy a describir seguidamente líneas de acción a tener en cuenta para poder combatir a este gran enemigo desde el plano psicológico.

Uno de los grandes factores relacionados con el estrés psicológico es la frustración. Personas muy inteligentes presentan generalmente baja tolerancia a la frustración especialmente relacionada con resultados que no son los esperados, con tareas o actividades que no han salido como se habían visualizado y por el no cumplimiento de expectativas. No es que no debamos frustrarnos, pues todas las emociones tienen un papel adaptativo, sino que hemos de aprender a canalizar y gestionar esta frustración. Para darle salida, se pueden utilizar estrategias para distraer al pensamiento del agente estresante, bien desde lo cognitivo (no centrarnos en ese pensamiento) o desde lo conductual (realizar una tarea que nos distraiga). Es decir, intentar desatenderlo, hace que en la mente no se siga generando una cadena de ideas casi infinita que fomenta el malestar. Otro recurso eficaz es el ejercicio físico, medio que ayuda significativamente a dar salida a la frustración equilibrando desde el plano físico la respuesta a la misma.

Otro factor esencial relacionado con el estrés psicológico y que en la superdotación se manifiesta en muchas ocasiones dificultades, es la necesidad de apoyo social. Este hace que los agentes estresantes lo sean menos, investigado desde la naturaleza humana estudiada en los primates. El encontrarse en una situación de aislamiento o simplemente tener relaciones interpersonales poco profundas y estrechas, hace que se tienda por inercia a un individualismo que incrementa el estrés intensamente. El apoyo social nos ayuda a relativizar (darle la importancia justa a lo que nos ocurre o pensamos), nos aporta puntos de vista novedosos y diferentes y además nos permite verbalizar y expresar la preocupación (hecho que nos descarga emocionalmente en gran medida). Ahora, bien, no sirve cualquier persona ni cualquier apoyo social, es requisito indispensable que la persona o el grupo en el que nos encontremos nos haga sentir bien, apoyados y también necesitados. Aquí tiene lugar mencionar la importancia y los grandes beneficios que los talleres o grupos específicos de altas capacidades tienen en los niños, jóvenes y adultos. Parten de unos intereses y formas de razonamiento comunes, que les hace generar un clima idóneo para expresarse y ser ellos mismos estableciendo vínculos y apoyo social. En los centros educativos no siempre encuentran este clima favorecedor con los iguales, por ello les cuesta más. Es eficaz enseñarles a transferir habilidades desarrolladas en estos grupos específicos a sus grupos escolares. En adultos también encontramos en numerosas ocasiones la necesidad de generar una red de apoyo social de mayor calidad.

Otros factores psicológicos están asociados a la percepción del control que tenemos sobre las situaciones, a la predicción de cómo y cuándo va a ocurrir aquello que nos puede estresar y también al significado que le damos a las cosas. Estos tres elementos hacen que el estrés sea menos intenso, y analizándolos, todos ellos están relacionados con un plano mental donde entra en juego las creencias personales y la dinámica de pensamiento.

Tener control nos ayuda, sin embargo la realidad de la vida es que no podemos tenerlo todo controlado, por lo tanto esperarlo sería una utopía. Muchas veces las mentes más privilegiadas presentan esta necesidad de control; la misma creencia de pensar “necesito tenerlo bajo control”, juega en sí un papel limitante. Con el hecho de predecir el cómo y el cuándo algo ocurrirá, sucede parecido. Es cierto que a los niños debemos de anticiparles en la medida de lo posible los pasos y detalles de aquello que pueda ser un agente estresante para ellos, sin embargo paralelamente, es importante enseñarles y aprender nosotros a vivir con la incertidumbre sin angustia. La inteligencia conlleva una capacidad para predecir elevada, debemos utilizarla como herramienta en sí misma.

 Modificar las dinámicas de pensamiento hacia unas más positivas y resilientes es posible”

El significado que cada uno de nosotros le damos a las situaciones tiene mucho que ver con la personalidad individual de cada cual, por ello, está descrito que hay tendencias genéticas e individuales a tolerar mejor o peor el estrés. Modificar las dinámicas de pensamiento hacia unas más positivas y resilientes es posible. Lo que todos podemos aprender y mejorar es el “afrontamiento” del problema o preocupación. Se puede afrontar el problema con el fin de solucionarlo, si no tiene solución o si no está en nuestra mano, podemos enseñar y aprender a aceptarlo. Saber identificar y reconocer que tenemos un problema es también un tipo de afrontamiento eficaz, basado en las emociones. Y resguardarnos o apoyarnos en el grupo social es otro de los mecanismos que favorecen el afrontamiento. Cada uno de nosotros recurrimos con mayor frecuencia a uno de estos estilos, sin embargo es muy útil tener flexibilidad cognitiva para poder aprender a elegir el adecuado en cada momento.

Concluiré señalando de nuevo que el objetivo es aprender a gestionar el estrés, con el fin de mejorar nuestro bienestar emocional y físico. El trabajo desde el plano psicológico está centrado en los pensamientos, que en las personas y niños muy inteligentes están muy desarrollados y son complejos. Mejorando el control de los mismos, podemos utilizarlos como herramienta para lograr nuestro objetivo. Hagamos de la inteligencia nuestra mejor herramienta.

 

© Maite Garnica Betrán

Directora CES SUPERDOTADOS

Artículo publicado originalmente en la Revista de AEST La Estación.

 

 

Fotografía: Jonny Lindner en Pixabay 

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