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Adultos de Altas Capacidades

La buscada invisibilidad de los adultos superdotados

Nos encontramos muchas barreras, tanto para el reconocimiento por parte de la sociedad como para el autorreconocimiento, por varios factores que hacen difícil que uno tenga el valor de afirmarse como tal”

Si en ocasiones es una ardua tarea identificar a los niños de Altas Capacidades, incluso para los profesores acostumbrados a trabajar con ellos, más difícil es reconocer si estamos hablando con un adulto superdotado, más aún cuando su superdotación no viene respaldada por el éxito en la vida que lo avale. La mayoría de los adultos superdotados no han sido nunca evaluados ni formal, ni informalmente durante su infancia, por lo que normalmente sus capacidades han sido infrautilizadas o, al menos, no potenciadas y se encuentran que en la edad adulta esas capacidades que no les han llevado a triunfar son rechazadas por una sociedad que, o bien no sabe de su superdotación, o bien no lo entiende, o bien prefiere interactuar con personas que encajen dentro de la norma.

Porque, aunque por lo general los superdotados se perciben como “raros”, no hay una única característica física, o de comportamiento, que permita identificarlos al momento; los muchos rasgos que les caracterizan, al igual que cualquier otra característica humana, comprenden muchos factores y grados en su expresión, por lo que pueden mostrarse de varias formas e intensidades.

Normalmente, nos encontramos muchas barreras, tanto para el reconocimiento por parte de la sociedad como para el autorreconocimiento, por varios factores que hacen difícil que uno tenga el valor de afirmarse como tal ante el otro. Depende, además, del punto de vista de la persona que ve o quiere reconocer la superdotación; unos tienen la suficiente formación o sensibilidad y lo ven desde un punto de vista informado y consciente, otros desde el enfoque del que quiere aprender, hay otros que parten desde prejuicios fundamentados en falsos mitos y estereotipos y, por último, podríamos incluir a los que lo enfrentan desde sus propios complejos y prejuicios. Para Mary-Elaine Jacobsen, doctora en Psicología especializada en Altas Capacidades, se pasaría por alto también, al igual que ocurre con los niños, a las personas superdotadas con diferencias culturales, limitaciones físicas o trastornos del aprendizaje, lo que conllevará una negligencia del desarrollo de sus capacidades en su infancia y en la edad adulta se producirá una discriminación por partida doble, contribuyendo a aumentar el sentimiento de frustración que ya de por sí puede verse incrementado por las hipersensibilidades, también presentes en personas adultas.

 


Los métodos convencionales de evaluación de las capacidades parecen subestimar seriamente los principales “rasgos de la superdotación”, presentes en mayor o menor medida en todos los superdotados a parte de las capacidades intelectuales


 

En la mayoría de los contextos relacionados con superdotados, se hace hincapié en los puntos de vista de la superdotación con respecto a la educación en la infancia, en relación con el rendimiento académico o el bienestar emocional del niño o de la familia, excluyendo a menudo tanto los componentes de la personalidad que asisten a la superdotación, como los procesos y necesidades internas del superdotado durante toda la vida. Los métodos convencionales de evaluación de las capacidades parecen subestimar seriamente los principales “rasgos de la superdotación”, presentes en mayor o menor medida en todos los superdotados a parte de las capacidades intelectuales, tales como la intensidad, la complejidad y el “drive” o pulsión o empuje para la acción. Pero una vez la persona superdotada sale del sistema escolar y adopta los roles más complejos de la edad adulta y el trabajo, y ha aprendido a camuflarse socialmente, evitando mostrar las intensidades o, cuanto menos, ha dejado de ser un “problema” para otros, la etiqueta de “superdotado” deja de ser algo interesante para la sociedad,  excepto en los casos que pueda ser utilizada para justificar o explicar el éxito ajeno (de riqueza, fama o posición influyente) de alguien, con lo que volvemos a la infancia, a esas clases en los colegios en las que se confunden Altas Capacidades con Alto Rendimiento, lo que evita la valoración de un gran número de individuos superdotados.

Al final, al igual que en la infancia, la mayoría de los adultos en nuestra sociedad se ven obligados a elegir entre la invisibilidad o el rechazo y eligen vivir en paz.

 

 

© Ada García

Secretaria General de AEST

 

Fotografía: www.pixabay.com

CC0 Creative Commons

No es necesario reconocimiento
2 comentarios:
  • María Ángeles

    Y a veces, con suerte, tienen hij@s superdotados. En su búsqueda de informacion, en su necesidad de saber, aprenden a reconocer las señales. Vuelven la vista atrás y entienden los “Por qués”.
    Quizás con un valor inesperado se enfrentén a sí mismos, se evalúen y confirmen sus íntimas sospechas.
    Brutal descubrimiento.
    Con el conocimiento llega todo menos la calma.
    Adultos superdotados No Identificados, los grandes olvidados.
    Gracias por darles un poco de visibilidad.

    • Altascapacidadesytalentos

      Gracias a ti, María Ángeles.

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