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Adultos de altas capacidades

¿En qué se convierten los niños de altas capacidades?

Se convierten en lo que son, personas diferentes. Como niño atípico que es, el pequeño de altas capacidades intelectuales se convertirá en un adulto singular. Por otra parte, en función de si han sido amados, acompañados, comprendidos o excluidos, rechazados o maltratados por la vida y por los demás, se convierten en lo que pueden… El niño superdotado puede llegar a ser un líder intelectual del mañana o un adulto con un talento considerable capaz de hacer cosas increíbles. O no. No hay una relación causa efecto obligatoria, ni en un sentido ni en otro. Cada uno sigue su camino.

Paradójicamente, tenemos la representación del superdotado como alguien especialmente talentoso y exitoso, pero no siempre es así. De hecho, la imagen de triunfador que a veces se proyecta de estas personas no tiene nada que ver con su visión del mundo. Para los demás, puede parecer que esa persona ha triunfado, pero para él falta aún mucho camino por recorrer. Se siente tan pequeño, impotente e inepto ante la misión hercúlea que le gustaría realizar… En este sentido, resulta esclarecedor el artículo de la psicoterapeuta especializada en superdotación, Paula Prober, titulado: ¿Si soy tan inteligente, por qué me siento tan torpe?

Según afirma la psicóloga francesa, Jeanne Siaud-Facchin en su libro ¿Demasiado inteligente para ser feliz?, “el abismo que separa la realidad de los sueños grandiosos afecta siempre al superdotado, aunque no diga nada al respecto y parezca adaptarse a una vida clásica de gustos sencillos y logros más bien discretos. En el fondo de su mente el proyecto insensato sigue dando vueltas en su cabeza”.

Las grandes causas también conmueven al adulto superdotado. Se siente aterrado como un niño ante las desgracias del mundo. En el adulto superdotado se produce un dilema íntimamente perpetuo del que pocos hablan: ¿Cómo ser feliz en este mundo repleto de injusticias? Puede parecer una preocupación pueril, pero es que los adultos superdotados mantienen una parte infantil muy presente y lista para activarse a la más mínima provocación. Conservan oculta una capacidad de maravillarse y emocionarse propia sólo de los niños.

 

Un alto componente emocional

Los adultos de altas capacidades siguen teniendo un alto componente emocional en su personalidad, igual que cuando son niños. Un componente emocional que está presente todo el tiempo y que, por tanto, altera el modo en que la persona se conduce. Según Siaud-Facchin, la vida de un superdotado se parece un poco a una montaña rusa. “Está hecha de esperanzas infinitas, de decepciones fulgurantes, alegrías intensas, de pozos de sufrimientos, de embriagadores encadenamientos de sensaciones y emociones contradictorias. Es una vida raramente lineal (…) en la que las emociones intensas están siempre presentes, ya sean buenas o malas.

El desafío para este tipo de personas consiste en evolucionar en un entorno que no persiga la expresión emocional, que no tema algunos de sus desbordamientos, y que incorpore esa reactividad emocional como una fuerza vital en vez de como un defecto insoportable.

 

La fuerza de la sensibilidad

Muchos adultos, y también niños, optan de forma más o menos inconsciente por ocultar su sensibilidad bajo capas y capas de raciocinio, ironía e incluso sarcasmo, para evitar así el sufrimiento. A este respecto, puede resultar interesante reflexionar sobre las palabras de la coach Ana Isabel Fraga, madre de dos niños de altas capacidades.

“Ser sensible, incluso altamente sensible, no es ser débil sino todo lo contrario, porque cuando se siente con esta intensidad es necesaria una gran dosis de fortaleza y de valentía. Quien no siente de esta forma no necesita tanta fortaleza ni quizás recurrir a esa valentía con tanta frecuencia. (…)

No podemos olvidar que la intensa sensibilidad es la fuerza creadora más potente que existe. Y es esa esta capacidad de sentir la que nos hace verdaderos apasionados y perseguidores de sueños, muchas veces encaminados a ayudar a otros por la empatía que podemos llegar a sentir. Tenemos la fuerza para cambiar las cosas, para hacer de este un mundo mejor, y tenemos esa fuerza porque emana de nuestras emociones, que es el núcleo de los actos que nos hacen auténticos”.

 

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