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AACC-Estereotipos erróneos

Falsos mitos sobre las altas capacidades intelectuales

Hoy en día la sociedad en general y los profesores en particular tienen una gran confusión sobre lo que significa ser de Altas Capacidades Intelectuales. Los falsos mitos o creencias populares siguen muy vigentes y dificultan la identificación de muchos de estos niños.

 

Andrés era un niño sensible y curioso, con unas inquietudes que no se correspondían con su corta edad. Antes de cumplir los 4 años estaba obsesionado con la causa de la muerte y el sentido de la vida, tanto desde el punto de vista físico, como trascendental. Aunque sus padres no creían en dios, su abuela le llevaba a la iglesia y le encantaba hablar sobre temas espirituales, la Biblia y las creencias de los antiguos egipcios. Pese a su gran curiosidad y sus ganas de aprender, en el colegio no encajaba. La profesora decía que le miraba serio con el ceño fruncido, renunciaba a colorear y no quería hablarla. En el patio buscaba a los adultos y no jugaba con los niños. En casa, insistía e insistía en que no quería ir al cole. Poco a poco, se fue adaptando a lo que había… empezó a hacer amigos y a obedecer, cuando no tenía más remedio.

En primero de Primaria la profesora llamó a los padres y trató de investigar sobre su vida en casa. Según les dijo, no sabía lo que le pasaba a su hijo, pero algo pasaba. Lo que había observado la maestra, y así se lo hizo saber, es que su hijo tenía un vocabulario muy elaborado, una gran curiosidad e intensidad emotiva y, sobre todo, un carácter muy fuerte impropio de su edad. La profesora aseguraba que no tenía ningún problema académico ni de aprendizaje, pero estaba siempre distraído y se negaba a terminar las tareas. “No saca mejores notas, porque no le da la gana”, decía.

Durante su conversación con la maestra, aquellos padres escucharon estupefactos la siguiente frase: “Su hijo no es un niño como los demás y nunca lo será. Es un líder. Siempre destacará, para bien o para mal. No dejará indiferentes a quienes estén con él”. Andrés no fue un niño especialmente precoz a la hora hablar, andar o leer. Sus padres jamás pensaron que su hijo fuera superdotado. No era como Einstein o Mozart. No obstante, aquella frase les hizo pensar y, pasado un tiempo prudencial, se armaron de valor y preguntaron a aquella maestra si pensaba que su hijo podía tener altas capacidades. Su respuesta fue una sonrisa y un chiste sobre superdotados…. Se quedaron helados. Ahí empezó todo: la búsqueda de información, de profesionales que les orientaran, las evaluaciones, etc…

Si tu hijo es de altas capacidades o estás pensando que podría serlo, igual te has sentido identificado/a con este relato. Lo cierto es que hoy en día la sociedad en general y los profesores en particular tienen una gran confusión sobre lo que significa ser de altas capacidades. Resulta difícil modificar los estereotipos muchas veces propiciados por los medios de comunicación y algunas por profesionales poco escrupulosos, así como los prejuicios de los profesionales de la educación debidos a una visión sesgada o parcial de lo que es la superdotación y el talento. A menudo, estos prejuicios no son debidos a la mala fe o a la carencia de recursos personales, sino que son una defensa o un recurso ante aquello que nos inquieta o que desconocemos. Además, como dice la presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST), Alicia Rodríguez Díaz-Concha, los profesores son docentes, no psicólogos.

Sea como fuere, los falsos mitos o creencias populares sobre las altas capacidades están muy presentes en la sociedad y entorpecen la identificación de estos niños. Estos son algunos de ellos:

 


Algunos falsos mitos y estereotipos que dificultan la identificación de las altas capacidades


 

Los niños de altas capacidades destacan académicamente y siempre sacan buenas notas en todo. 

FALSO. Salvo en el caso de los talentos académicos, los alumnos de altas capacidades no necesariamente tienen que obtener notas excepcionales (de hecho no es lo más frecuente), ni exactamente el mismo rendimiento en todas las materias, ya que pueden estar más motivados hacia algún campo específico.

Además, en el caso de los talentos, es habitual que tengan un rendimiento muy desigual en las áreas que dominan respecto al resto de áreas, en las que pueden tener un rendimiento medio o incluso bajo. No debemos caer en el error de pensar que un niño brillante en una de las áreas académicas también lo será en el resto.

 

Como son tan inteligentes no necesitan ninguna ayuda en el colegio.  

FALSO. Nada más lejos de la realidad. No nacen con ciencia infusa. Precisamente por su extraordinaria capacidad potencial, estos niños necesitan unas ayudas específicas sin las que raramente podrán llegar a alcanzar su pleno desarrollo personal e intelectual. Además, como explica Javier Tourón, vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR y especialista en altas capacidades, el nivel de reto intelectual de los programas escolares difícilmente puede cubrir sus expectativas y necesidades intelectuales. Ello conduce, muchas veces, a un progresivo desinterés por la escuela, a una conducta inapropiada y, en no pocas ocasiones, a pereza intelectual.

Las investigaciones han demostrado que estos niños necesitan una ayuda especial que va más allá de lo que la escuela suele proporcionarles. De hecho, en la legislación española (LOMCE) se les considera alumnos con necesidades educativas especiales.

 

Todos los alumnos de altas capacidades han sido precoces y cuanto más precoces, más inteligentes. 

FALSO. Es cierto que muchos niños de altas capacidades son niños precoces, pero como explica Alicia Rodríguez, presidenta de AEST, es muy importante tener en cuenta que “no todos los niños de altas capacidades son precoces, ni todos los niños precoces son de altas capacidades”.

 

Los niños de altas capacidades son niños “sobre estimulados” por sus padres. Si un niño es “sobre estimulado” se convierte en superdotado. 

FALSO. La alta capacidad no se crea a base de esfuerzo o exigencia paterna. De hecho, unos padres que “presionen” a su hijo tienen pocas posibilidades de alcanzar su propósito. Más bien los padres lo que deben hacer es ofrecer el apoyo necesario para que sus hijos alcancen su pleno desarrollo. Cuanto menos apoyo reciba la persona de altas capacidades para desarrollarse, menos posibilidades tendrá de realizarse desde el punto de vista personal.

 

Son fríos, distantes y calculadores. 

FALSO. Es justo al revés. Se caracterizan por tener una gran sensibilidad hacia los sentimientos propios y hacia los sentimientos de los demás. Se preocupan por todo lo que ocurre a su alrededor y su intensidad emocional hace que se involucren en diferentes situaciones personales y sociales. Pueden captar información con gran carga emocional, pero si no son capaces de asumirla y procesarla de forma correcta es probable que racionalicen sus actos aparentando una frialdad que en realidad no es sino una máscara defensiva.

 

Los niños de altas capacidades son solitarios y tienen problemas para relacionarse. 

FALSO. Esto dependerá de las circunstancias personales de cada alumno, ya que su adaptación social no sólo depende de ellos sino de su entorno. Lo que sí suele ocurrir es que sus intereses son diferentes del resto de niños de su edad, por lo que, en ocasiones, prefieren la compañía de adultos o niños mayores que ellos ya que tienen más que aportarles. No obstante, aunque intelectualmente son capaces de entender muchas cosas al nivel de un adulto, sus necesidades emocionales siguen siendo las de un niño de su edad y su extrema sensibilidad puede generarles algunos problemas de gestión emocional y por tanto de integración social.

 

Son genios. 

FALSO. En absoluto. Una persona con altas capacidades no es un genio, puede haber algún genio, pero son escasísimos. Además, el genio se puede decir que deslumbra desde el primer momento, mientras que la persona con altas capacidades destacaría en algunas áreas, sobre todo en las que más le gustaran.

 

Suelen pertenecer a clases sociales altas. 

FALSO. Vincular la alta capacidad con la clase social es equivocado y poco riguroso. Hay numerosos estudios que demuestran que hay personas de altas capacidades en todas las clases sociales, razas, etnias y ubicaciones geográficas. Por eso sería muy necesario el apoyo con becas para todas las edades.

 

Crear programas especiales para los niños de alta capacidad es elitista y atenta contra el principio de igualdad. 

FALSO. La legislación española afirma que el objetivo del sistema educativo es el pleno desarrollo de las potencialidades de cada uno de los alumnos, por lo que debería respetarse el derecho natural de cualquier alumno a ser educado conforme a sus peculiaridades. Se trata de que estos niños tienen el mismo derecho que los demás a lograr su pleno desarrollo personal y social. Eso no es elitismo, es equidad. No es justo tratar por igual a quienes son diferentes.

 

 

© Ana Díaz

Periodista. @anai_dj

 

BIBLIOGRAFÍA PARA SABER MÁS:

 

 

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